Un "bonista" es un director cuyo único objetivo en la empresa es conseguir su bonus (bono, retribución variable) y lógicamente todas sus acciones van encaminadas exclusivamente a conseguir dicho objetivo.
El problema radica en que el "poderoso" establece objetivos no alineados y que no equilibran los intereses y expectativas de todas las partes interesadas en la empresa. Incluso en ocasiones no hay suficiente despliegue en cascada de los mismos y se cometen flagrantes agravios comparativos.
En otras ocasiones corresponden a objetivos estratégicos que no han sido oportunamente comunicados y desplegados en la estructura organizativa
Muchas veces tampoco dichos objetivos son bastante "objetivos" (son subjetivos) o la decisión de otorgar dicho "premio" depende en último caso del "poderoso" de modo arbitrario. Entonces el bonista se convierte automáticamente en un perro que lame a su amo, y cuya ferocidad con los que le rodean dependerá del grado de alineación de los objetivos que tengan estos con los suyos.
Un directivo se convierte en millonario blindado sin ninguna responsabilidad social, ya que emplea todo tipo de prácticas para proporcionar unos resultados, muchas veces alejados de la realidad, con objeto de conseguir su botín personal. Se suele realizar de forma que el interfecto nunca pague su daño y por el contrario, una posible marcha de la empresa esté muy compensada por el aumento desproporcionado de su cuenta corriente.
Hoy en día estos directores son los más peligrosos puesto que su codicia no tiene límites. La sostenibilidad de la economía de mercado depende en buena parte de revisar todas retribuciones en las empresas.




